Monday, May 29, 2006

"Curación Maravillosa Del Botánico y Naturista Profesor Narváez" Florida, Valle Colombia 1946


SE TRATA DE LA SRA. DOÑA CHIQUINQUIRÁ DELGADO DE SILVA, MADRE DEL DR. JULIO CESAR SILVA EX-JUEZ
41 DE INSTRUCCIÓN CRIMINAL NACIONAL. HABLA DON LEÓN SILVA, ESPOSO DE LA BENEFICIADA

Florida, 20 de agosto de 1.946

Sr. Profesor Conrado Narváez Zuluaga. — Cali. Apreciado profesor Narváez, querido amigo:
Por medio de la presente quiero expresarle mi gratitud sincera por el beneficio que de usted hemos recibido yo y todos los de mi familia con la milagrosa, curación, obtenida por usted en la persona de mi esposa Chiquinquirá Delgado de Silva. Pero me re­sulta imposible, querido Profesor, expresar le en forma comprensible todo mi sentir, y la magnitud del bien que usted con sus conocimien­tos ha logrado, para nosotros.

Bien recordará usted la gravedad de la enferma y sus padecimientos. Varios médicos de fama habían venido tratándola con marcado interés científico y altruista, pero sin poder llegar a re­sultados favorables. Más de un año había permanecido en cama. En un principio los galenos entendieron que se trataba de un paludismo antiguo y de tardías manifestaciones, y orientaron sus tratamientos en tal sentido; luego descubrieron un proceso patológico del hígado y después afecciones renales y cardíacas. Como consecuencia de todos estos descubrimientos, acertados acaso, fueron mo­dificando sus sistemas curativos; pero era lo cierto que la enferma en vez de sentir alivio, continuaba debilitándose día a día, agotán­dose, consumiéndose, terminándose. Y llegó el momento en que parientes y amigos todos, sólo esperábamos verla expirar. Era ya un esqueleto del que no podía predicarse que fuera viviente.

Pero un día por cualquier circunstancia, llegó hasta nosotros el nombre y el fulgor de la fama de usted y sin saberse por qué, revivió nuestra muerta esperanza. Fui inmediatamente a Miranda (Cauca), en donde usted estaba por entonces regando el bien entre las clases pobres y desamparadas; consulté su opinión y le pedí su auxilio. Bien recuerdo la forma tan gentil como usted me recibió, El mismo día llegó usted a Florida (Valle) a presenciar allí sobre una cama el proceso preagónico de mi esposa. Mis esperanzas y las de mis hijos se iluminaron con la luz de sus miradas. "PUEDE CURARSE... DEBEMOS ENSAYAR SU CURACIÓN" fueron las palabras de usted. Las recordaré siempre. Desde ése día inició us­ted un tratamiento. Y tres días después todo había cambiado: la enferma ya era nuevamente persona; un mes después ya podía, de­cirse que era una convaleciente; y hoy está gozando de completa salud si es que de salud perfecta puede hablar algún mortal.

Es un milagro, señor Profesor Narváez, el realizado por us­ted en este caso. Un milagro sí porque no se trata de un organismo joven, sino, de uno ya agotado por sesenta y seis años de supervi­vencia en estos nuestros climas del Trópico. Y hace un año que usted realizó su trabajó admirable.

Reciba usted mi saludó cariñoso y el de toda mi familia, y haga de está carta el uso que a bien tenga.

Amigo y servidor,
LEÓN SILVA M.
C. C. No. 728253—Florida