Monday, July 24, 2006

OPERACIONES INNECESARIAS

Sabía Ud. que millones de las operaciones quirúrgicas
que se practican anualmente en el mundo son innecesarias?

Para documentar esta afirmación tomamos de la revista ”SELECCIONES", del mes de marzo de 1948, el artículo titulado "OPERACIONES INNECESARIAS", y confirmado por el eminente hombre de ciencia Leo M. Davidoff, Doctor en Medicina, Catedráticode Cirugía Neurológica de la Universidad de Columbia, EE.UU.Dice en el mencionado artículo:

"OPERACIONES INNECESARIAS"
(Resumen de "Woman's Home Companion")

"Lo que dice Albert Deutsch es absolutamentecierto. Yo opino que deben adoptarse no sólo todas las medidas de precaución que él recomienda, sino también muchas otras".
—Leo M. Davidoff, doctor en medicina, catedrático de Cirugía Neurológica Clínica de la Universidad de Columbia.

Desde hace largo tiempo, es bien conocido entre los médicos el hecho lamentable de que gran número de los millones de operaciones quirúrgicas que se hacen todos los años son innecesarias y de que con el manto de la cirugía se cubren muchas mutilaciones criminales y aún muchas muertes. Día tras día se priva en todo o en parte a miles de personas de sus órganos, desde las amígdalas hasta el estómago, a causa da los diagnósticos erróneos, la excesiva escrupulosidad de los cirujanos, la incompetencia, la codicia, o la inexcusable aquiescencia al deseo morboso de ser operados que experimentan algunos pacientes.

Hace diez años, la Fundación Norteamericana — instituciónseria y moderada que encabezan representantes autorizados de laindustria, la banca y la ciencia— hizo un estudio acerca de la práctica de la cirugía en los Estados Unidos, en el cual consultó a varioscentenares de los médicos más eminentes del país. Los resultadosdel estudio se publicaron en un extenso informe, del cual se toman los hechos expuestos a continuación.

Un miembro de la Asociación Norteamericana de Cirugía dijo: "Es probablemente cierto que por lo menos la mitad de las operaciones quirúrgicas que se hacen en los Estados Unidos las ejecutan médicos a quienes faltan conocimientos especiales de cirugía".

Un tocólogo llamó la atención hacia el gran número de clínicas, pequeñas pertenecientes cada una de ellas a un médico de ambición excepcional y cacumen para el negocio que "toma un curso corto de cirugía y luego abre su clínica, en la cual actúa como propietario y primer cirujano. Con el tiempo adquiere alguna habilidad quirúrgica, pero no antes de hacer muchas operaciones innecesarias y sacrificar muchas vidas".

Otro médico, con diploma de cirugía y patología clínica (que comprende el diagnóstico de los cambios mórbidos efectuados en los órganos y tejidos que se extraen) dijo lo siguiente: "Consagro tres mañanas todas las semanas a mis funciones de patólogo de uno de nuestros grandes hospitales. Tengo una colección escogida de órganos, cuya extracción, si no por mala fe, sí por inconsciencia, no ha servido para otra que para ganar dinero".

El testimonio publicado en las revistas médicas más autorizadas de la actualidad pone de manifiesto que, con muy poca diferencia, 1a situación de ahora es la misma que la de hace 10 años.

Casi huelga decir que el apéndice vermiforme ha sido el ob­jeto, más, común de operaciones innecesarias. Aunque muchas vidas se han salvado extrayendo prontamente un apéndice enfermo, muchas otras se han sacrificado o se han puesto en peligro por incisiones innecesarias. "En un hospital, el examen patológico de 35 apéndices extraídos por el cirujano jefe demostró que 28 se hallaban en estado perfectamente normal". Pacientes neuróticos y tontos, medicastros que diagnostican a la diabla y cirujanos metalizados y encallecidos se han aunado para hacer de la apendicectomía él mayor sistema de explotación que se registra en la historia de cirugía”.

Las apendicectomías innecesarias son mucho menos disculpables, o más censurables, cuando se practican en niños que cuando se practican en adultos en una reunión reciente de la Asociación Norteamericana de Medicina, el doctor M. G. Peterman, de Milwaukee, especialista en pediatría, dijo: "La apendicitis aguda es enfermedad muy rara en la niñez, y sin embargo, muchos son por desgracia los niños a quienes se les hace la apendicectomía"

El doctor Norman F. Miller, catedrático de obstetricia y ginecología en la Universidad de Michigán, hizo no ha mucho un estudio concienzudo de 246 operaciones uterinas (histerectomías) ejecutadas en un período de cuatro meses en 10 hospitales de los Estados Unidos, y se quedó pasmado al ver que por lo menos en la tercera parte de los casos el estado de la enferma indicaba que la operación había sido perjudicial o innecesaria".

Gran número de operaciones penosas y caras, algunas de las cuales dejan al paciente lisiado de por vida, se hacen sin necesidad para desórdenes que en realidad se deben a susceptibilidades alérgicas. El doctor E. A. Thacker, en un informe que se publicó en la revista de la Asociación Médica Norteamericana, refiere el caso de un enfermo a quien se le hicieron diez operaciones en la nariz, hasta que varios ensayos demostraron que era alérgico a la caspa de perro. Sabe Dios cuántos senos frontales han sido operados por cirujanos que testarudamente se niegan a verificar primero las pruebas de alergia.

También se les hacen operaciones innecesarias a personas neuróticas a quienes ello parece proporcionarles un placer morboso. Cierto cirujano neoyorquino de nota me dijo que otro médico le había pedido que operara a una mujer que tenía un cáncer del pecho. El cirujano examinó a la mujer y no encontró tal cáncer.
"La enferma insiste en que lo tiene", le dijo el otro médico"y si usted no le hace la operación, cualquier otro cirujano se la hará".
Un mes después, la mujer se hizo extirpar uno de los senos.

Las amígdalas son la parte de la anatomía humana que los cirujanos suprimen con mayor frecuencia. El doctor Harry Baky, bien conocido pediatra norteamericano, es uno de los muchísimos especialistas de su clase que han condenado a voz en cuello "la costumbre imprudente aunque muy común" de extirpar las amígdalas sin cerciorarse de que la operación es innecesaria. Advierte que, si bien la amigdalotomía se mira como operación relativamente sencilla en que por lo común no hay peligro, a veces causa la muerte y con más frecuencia da origen a enfermedades graves, como la pulmonía y la formación de abscesos en los pulmones.

Lo absurdo para la práctica común de extirpar las amígdalas a troche y moche,(sin reparos) sin parar mientes en la necesidad de la operaciónni en los males que puedan resultar, se demostró hace varios añosen un estudio de mil niños de 11 años echo por la Asociación Norteamericana de la Salud del Niño. A 600 de ellos ya se les habían extirpado las amígdalas. Los otros 400 fueron examinados por un grupo de médicos, que decidieron que 200 necesitaban la amigdalotomía. Los 200 restantes fueron examinados por otro grupo de médicos, los cuales resolvieron hacerles la operación a 100. Otros médicos decidieron operar a 35 de los 100 niños que quedaban. Ensuma, de los mil niños sólo 65 escaparon la operación. Probable­mente varios de ellos hubiera sido operados también si llama a uncuarto grupo de médicos.
Los directores de tal estudio llegaron a la conclusión de que, por regla general, la amigdalotomía depende más del capricho y prejuicios del médico que de la salud del niño.

Muchas operaciones innecesarias se han debido a que la mayor parte de los médicos ignoran las causas emocionales y mentales de ciertas, dolencias. El doctor A. E. Bennett, distinguido psiquiatra de Omaha, hizo recientemente un estudio de 150 pacientes psiconeuróticos cuyos médicos habían diagnosticado erróneamente desórdenes gastrointestinales, tiroideos, cerebrales, etc. Se les habían hecho ya, en conjunto, 244 operaciones cuando, se descubrió que la verdadera enfermedad de que todos sufrían era psiconeurosis.

El doctor Bertram M. Bernheim, del Hospital de Johns Hopkins, llama la atención hacia uno de los motivos más ruines de las operaciones innecesarias: la confabulación entre ciertos médicos generales y ciertos cirujanos para explotar enfermos y dividirse el producto, práctica qué parece ir haciéndose más y más común. Verdad es que ella está confinada, a una pequeña minoría de la profesión médica, y que no suele ocurrir sino en las grandes ciudades donde la competencia es muy fuerte. Sin embargo, su número no es insignificante, ni lo son los daños que causan.

La confabulación funciona muy, sencillamente. Una mujer rica, por ejemplo, va a consultar a su médico acerca de un achaque que quizá pueda relacionarse con algún órgano. El médico, con el ojo puesto en el dinero de la paciente, aconseja una operación y recomienda a cierto cirujano, que es su confabulado. El cirujano le extrae a la mujer un órgano perfectamente sano, le pasa una cuenta enorme, y divide el botín con su amigo el facultativo.

Varias asociaciones médicas honorables han tratado repetidamente de suprimir la costumbre de los cirujanos de compartir sus honorarios con los médicos que los recomiendan; sin embargo, poco es lo que han logrado. Casi todos los hospitales de buena reputación prohíben tales transacciones, pero no siempre pueden impedirlas.

  • He aquí algunas de las medidas que pueden tomarse para proteger a los enfermos contra las operaciones innecesarias:

  • 1. Él cirujano debe tener permiso oficial fundado en su educación profesional, su competencia y su moralidad. Un médico puede ser competente para practicar operaciones sencillas, e incapaz de hacer operaciones sencillas o de emergencia.
    Hace poco, un cirujano eminente a quien conozco fue interrumpido en la mitad de una operación por una enfermera que le dijo algo al oído: en el cuarto contiguo había un paciente casi al morir por causa de una hemorragia que el cirujano que lo estaba operando no podía contener. Por fortuna, la operación que mi amigo estaba haciendo podía interrumpirse sin peligro por un corto tiempo, y él voló al cuarto vecino, quitó de en medio a su asustado colega de un empujón, y le salvó la vida al paciente. ¿Y que fue de su colega? ¡Aún sigue haciendo operaciones graves.

  • 2. La necesidad de una operación grave (excepto en casos de grande urgencia) debe ser determinada por más de un médico en consulta con varios colegas que representen otras especialidades. Algunos cirujanos de nota opinan que no debe hacerse ninguna operación grave sin la aprobación escrita de varios expertos.

  • 3. A todo hospital debe imponérsele la obligación de someter al fallo de su cuerpo facultativo toda operación que piense practicarse allí. En estas juntas se estudiará minuciosamente la historia de la enfermedad de que se trate, y el cirujano que haya operar explicará la operación y su objeto. Después deberá estudiarse críticamente el informe patológico post-operatorio. La junta estudiará de igual modo todos los detalles de cualquier muerte que ocurra con las explicaciones pertinentes del médico o el cirujano que haya tenido el caso a su cuidado.
    De esta manera es difícil que un cirujano cometa errores graves o que los cometa sin que se descubran.

  • 4. La división de honorarios debe declararse falta grave ycastigarse privando de su licencia al médico que la cometa Lasasociaciones médicas deben tomar medidas eficaces para impedirque sus miembros hagan transacciones de esta índole.

    Durante su carrera como Naturópata el Profesor Narváez explicaba a sus pacientes que después de haber sufrido varias operaciones se encontraban en el mismo estado de enfermedad que antes de la operación a esto le llamaba “operaciones innecesarias” Resumiendo, en la charla que les daba a sus pacientes que habián sufrido este tipo de mutilación tenían que cambiar radicalmente su vida, costumbres, hábitos, y la alimentación si querían recuperar la salud perdida.

    Profesor. Conrado Narváez Zuluaga

Wednesday, July 12, 2006

Hechos Incontrovertibles Enaltecen al Botanico Naturista Profesor Narváez

Señores directores del RELATOR
La Ciudad de Cali

Muy apreciados señores y amigos: pido hospitalidad en su diario para hacer pública manifestaciones de gratitud a un eminente servidor de pacientes. El agradecimiento no debe quedarse solamente entre el favorecido y el que presta el servicio. El ciudadano honrado busca medios para comunicar la satisfacción interior a semejante por el bien recibido eficazmente y prestado con generosa intención. El caso mío, que aspiro a que lo conozca el mayor número de gentes, como tributo de reconocimiento a un meritorio servidor.

Mi esposa, Marina Perlaza de Labrada, vinculada por la sangre a eminente médico de esta ciudad, padeció durante tres años, una tremenda enfermedad, ante la cual los tratamientos médicos, fueron impotentes; Sobrevinieron dos intervenciones quirúrgicas, con el mismo resultado negativo: no faltaron en ningún momento las drogas y tratamientos de numerosos médicos, empeñados en devolver a mi casa la tranquilidad perdida por la gravedad en la salud de mi esposa, A última hora se determinó por los facultativos praticarle a. mi esposa una tercera intervención quirúrgica. Pero el grave estado de salud, el desfallecimiento de la enferma, nos obligó a desechar aquella idea. Fue tal el estado de postración de la enferma, y tal mi angustia y la de los míos, que en dieciocho días, únicamente intervinieron seis (6) médicos de Cali, sin lograr resultado satisfactorio alguno. Mientras tanto mi mujer entraba, prácticamente a un estado preagónico, que poníamos toques de deses­peración en todos nosotros: Familiares y esposo.

Don Rafael Ángulo, apreciable caballero propietario de "RA­DIO LIBERTADOR" pasó por mi casa y me encontró sumido en la desesperanza y la angustia. Fue don Rafael, a quien le debo mi gratitud, quien me sugirió que llamara al Profesor NARVÁEZ ZULUAGA, botánico naturista muy conocido en el occidente colombiano. Con las esperanzas perdidas, realmente, acudí al Profesor Conrado Narváez Zuluaga, quien atendió a mi llamado, encontrando "un caso delicado pero no perdido". El profesor Narváez Zuluaga inició la noble tarea de arrancarle a la muerte una vida, Aplico él sus maravillosos métodos científicos. No ahorró tiempo ni empeño en atender a la enferma, que siguió el tratamiento aconsejado por este notable naturista-botánico, quien logró en un mes de labor restau­rar la salud de mi esposa. Este hecho lo conocen todos los vecinos del Barrio Popular Modelo, y quienes acudieron a visitar a mi familia durante esos aciagos días en el edificio de los transmisores de "LA VOZ DEL VALLE".

Hay, pues, razón de mi parte, señores directores de RE­LATOR, para que yo acuda a rogarles el servicio de divulgar éste honda sentimiento de gratitud hacia el botánico Profesor NARVÁEZ ZULUAGA, así haya de cubrir el valor de esta publicación qué es la expresión de una familia agradecida y él sentimiento conmovido de un esposo que sufrió ante la espantable visión de su compa­ñera casi muerta. Envío a Uds., para mayor crédito todos los elementos de prueba necesarios,
diligenciados antes las autoridades competentes de Cali para certificar lo dicho en la presente carta, y autorizando al Profesor NARVÁEZ ZULUAGA para hacer de éstos documentos legalizados él uso que mejor estime conveniente, y me suscribo como su atento seguro servidor.
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Doña Marina Perlaza de Labrada, aparece en medio de su esposo señor Julio E, Labrada y el botánico-naturista Prof. Conrado Narváez Zuluaga, quien con sus maravillosos métodos científicos, salvó la vida de aquella en enferma, para cuya novedad resultaron impotentes numerosos tratamientos médicos y dos intervenciones de alta cirugía.

Los índices del Profesor Conrado Narváez Zuluaga, señalan la dimensión de una de las cicatrices que dejaron los bisturís en el abdomen de la señora Marina Perlaza de Labrada sin resultados satisfactorios, quien obtuvo la restauración de su salud con los tratamientos del Prof. Narváez.

Julio E. Labrada
Cédula No. 721226 de Cali.
(Tomado del RELATOR 8 de febrero de 1.947)