Friday, April 29, 2011

Salud Profesiones Yerba Buena Revista SEMANA 1960

SALUD PROFESIONES: Yerba Buena.

El estado actual de la legislación colombiana, en lo que concierne a la protección jurídica del arte de curar, no satisface a casi nadie. Tiene tantas deficiencias que los charlatanes y curanderos escapan perfectamente a toda sanción y en cambio sustenta una ortodoxia científicas que ya no parecen justificar ni los propios médicos. Trabajos costó hacer admitir, junto a la medicina alópata, la legalidad de la homeopática; y ahora, a espaldas de la experiencia universal, se dejen libradas las actividades naturistas al arbitro de cada cual.

La Experiencia personal. Este es el planteamiento que formula a la opinión y a los poderes públicos el naturista colombiano Conrado Narváez Zuluaga (Antioqueño de El Carmen), 9 hijos varones y una mujer. Es un autodidacta, Aunque él deseaba estudiar, su padre, comerciante, prefirió habilitarlo para esa carrera, y lo envió muy joven a Puerto Wilches, Magdalena, donde había establecido un almacén de mercancías, inclusive drogas, Allí el muchacho fue víctima de una epidemia tropical y durante cuatro años, hasta los veinte de edad estuvo en manos de médicos, sin resultado. Viendo que su estado decaía más y más y que el patrimonio familiar se había desvanecido, decidió tratarse él mismo, de acuerdo con ciertas observaciones elementales que hiciera sobre el funcionamiento de su organismo.

La despensa empezó a desmejorar dice Conrado Narváez. Desaparecieron la carne en abundancia, las grasas, los aceites. Cuando mi madre volvía contenta del mercado, con la canasta llena, yo, a fin de semana estaba en una situación lastimosa. Cuando llegaba acobardada, triste, con una remesa a medias, a fin de semana yo estaba también a medias. Y cuando venía angustiada, casi con las manos vacías, yo me las arreglaba con lo que proveía el huerto doméstico, y a los pocos días estaba en magníficas condiciones.

Ventajas de la Pobreza. La familia quedó arruinada, hipotecada la vivienda, el negocio en quiebra. Cuando vieron a mi padre sin dinero, le dijeron: ¨Hombre, es imposible curar esto. Es un caso perdido¨. ¡No se lo dijeron antes! Todavía una sociedad de beneficencia se apiadó de mí, y se recrudeció mi mal. Entonces llamé a la familia, le expliqué mis experiencias y les pedí que me dejaran librado a mí mismo, a merced de la naturaleza. Así dí con los alimentos que necesitaba y a los dos años me había librado de mi enfermedad. Me habían hecho toda clase de diagnósticos: que paludismo, que anemia, que parásitos intestinales, que úlceras del estómago… Pero todo eso se desvaneció como por milagro. Ahora estaba sano. Y era otro hombre, inclusive en el orden espiritual. Había descubierto la positiva causa de mi enfermedad¨.

Y comenzó su actividad profesional. Porque pensó; ¨Esto que me ha sucedido a mí le está sucediendo a todo el mundo. Yo no soy un ser excepcional en la naturaleza ni en la sociedad¨. Se interesó Narváez por el naturismo y dedicó largos años de investigación a la botánica y a la química. Viajó a las selvas, acopió toda clase de vegetales, los trató en laboratorio, reunió una impresionante biblioteca en todas las lenguas, y ahora es un hombre minuciosamente informado de las novedades del movimiento naturista internacional.

Estatuto. Desde luego no puede asegurarse que los métodos del señor Narváez den resultados y sean científicos. Es a un tribunal de médicos al cual correspondería sacar conclusiones. No contribuye al prestigio de la medicina negarse a escuchar ciertas exposiciones y a examinar las historias clínicas que las abonen. Pero, naturalmente, el tribunal tendría que estar integrado por médicos de las escuelas alópata y homeopática que no se limitarían a determinar si las doctrinas del Señor Narváez son o no conformes con las de esas escuelas. Serian hombres que, sin abandonar su fe en la primacía de sus principios, admitan la posibilidad de que otros conduzcan también a resultados positivos. No se puede ignorar que la escuela naturista, en casi todos los países del mundo, cuenta con un estatuto propio. Y que en los Estados Unidos, en Francia, en Gran Bretaña, en Alemania, La medicina convive pacíficamente con el naturismo.

Los enterados creen que un estatuto que otorgue a estas actividades su indispensable protección jurídica, s el único medio por el cual se podrá acabar un día con el charlatanismo y el curanderismo, que hacen estragos en países como Colombia.

Sin drogas ni bisturí, El señor Narváez se instaló en el Quindío, e hizo conocer por la prensa y la radiodifusión su concepto de que era posible curar sin drogas ni bisturí. La gente concurrió a su consulta con mucho interés, lo que resintió bastante a los profesionales locales. Estos solicitaron de los poderes públicos un estatuto que cerrara el paso a actividades como las del señor Narváez. Fue la ley 67, año 1935, que imponía sanciones muy severas a quienes ejercieran ilegalmente la medicina y la cirugía. Pero sus abogados pudieron demostrar ante la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado que sus actividades nada tenían que ver con la medicina y la cirugía, puesto que él aconsejaba todo lo contrario.

Del Quindío se trasladó en 1942 al Valle. En Cali, una larga cantidad de procesos y expedientes probaron que la ley no era aplicable al señor Narváez, pues su método consistía simplemente en corregir el sistema de vida de sus pacientes. No hay medicación de ninguna clase, sino consejos acerca de la alimentación, la respiración, el reposo. Invitado el señor Narváez a un congreso de Naturopatía en Nueva York, en 1947, tropezó con dificultades para salir del país; pudo sin embargo, asistir al congreso, donde obtuvo un halagador reconocimiento; pero, al volver a Colombia, se encontró con una orden de detención. Evito la cárcel, pero no el ridículo. Sus adversarios le presentaron ora como un iluminado, ora como un aprovechado. A pesar de todo, en 1949 se trasladó a Bogotá, y presento una exposición, de cuadros clínicos. Explicó, así, su doctrina a los profesionales, a los estudiantes, al público en general.

Por esos días CNZ a su casa escogidos grupos de ¨iniciados¨ o de curiosos y les ofrecía ¨coctel vegetariano¨: jugo de lulo, yerbabuena y manzanilla, ligeramente endulzado con panela negra. De esas reuniones nació el Club Científico – Social Vegetariano de Bogotá, con acciones de $ 50 y socios ¨notables¨, ¨magníficos¨ y ¨superiores¨ (SEMANA 216).

Fue entonces añade el señor Narváez cuando la federación Medica Colombiana y la Junta Central de Títulos Médicos, viendo que les era imposible cruzarse en mi camino con la ley de 1939, promovieron un nuevo estatuto, que fue el 279. Era totalmente arbitrario, pero yo pude desentenderme de él, en primera y segunda estancia. Sin embargo, se sirvieron de la dictadura (Rojas Pinilla) para perseguirme. Obtuvieron contra mí una condena de dos años de prisión; pero yo, en vista de las dificultades de esa época y la peligrosidad del ambiente, fui cauteloso, y me trasladé nuevamente a Valle. Hasta que, restablecido el imperio de la ley, volví a Bogotá, y, después de un año, me instale en Fontibón, donde la gente que acude a mi consulta forma ya una muchedumbre.

La doctrina naturista. El señor Narváez expone con sencillez su ¨doctrina¨:

Los pacientes creen saber lo que tienen. Conocer el nombre de alguna vísceras y, como les duele ese sector, creen que tienen afectado ese órgano. Pero ni él ni el médico, a quien él informa y a menudo sugestiona, saben por qué tiene ese dolor. Nosotros no tenemos en cuenta la patología ni la terapéutica. El cuerpo humano es un solo órgano y la vida una sola función. No compartimos el concepto de especialidad: los propios médicos alógenos saben ya cuán peligroso es ese concepto. Hay unidad en el organismo: afectado un órgano, todos los demás sufren. Para nosotros, la vida, la salud están reguladas por factores especiales, relacionados con nuestro sustento, el ambiente, las costumbres, los vicios que adquirimos (alcohol, nicotina, cafeína). Estos elementos excitan y alteran el organismo. Nosotros procuramos cambiar el sistema de vida de la persona. Hacemos una restauración total. Yo sostengo que no hay que preocuparse por la parte afectada, sino por la causa de la dolencia. Obrando sobre la causa, desaparece la molestia. La opinión popular es que el órgano mata, y el médico confirma ese error en la boleta de defunción: murió de tal víscera. Pero mis experiencias prácticas demuestran que la muerte se genera en otro sector. La cirugía puede privarnos de muchos órganos y seguimos viviendo; en cambio, nos sacan cierta porción de sangre y la vida se nos acaba, aunque los órganos estén en perfectas condiciones. Si disminuye el caudal de la sangre que los bañan, la máquina se para. La Vida, pues, no está en los órganos, sino en la sangre. De la cantidad y calidad de sangre que tenemos en las venas, depende la actividad funcional: la del hígado, la del bazo, la del corazón, la capacidad mental, la auditiva, la visión. Hay dos maneras de perecer por la sangre, ya que se vierta de nuestras arterias, o por la mala composición química. Porque el organismo es un laboratorio químico en el que se elabora sangre. Los alimentos que llevamos al estómago son los que determinan la calidad de ese líquido vital. Desgraciadamente, no introducimos en él las materias primas que la naturaleza nos prescribe. Somos un producto perfectamente industrial. En la antigüedad, como no había los artefactos de que hoy disponemos, la gente aprovechaba los granos y las frutas en la forma más natural. Pero la trilladora, por ejemplo, esa máquina dotada de movimiento vibratorio y rotativo, no sólo le quita al grano las semillas que son un elemento esencial para la vida sino también los minerales que lleva en la superficie. Así ese vital alimento va a parar a los establos, y nosotros consumimos un alimento desmejorado y más costoso, el molino, que da una harina blanca, refinada, color nieve, y hacemos con ella un producto elástico y esponjoso que no nutre, que fermenta, que acidifica. Nos enseñamos a comer el arroz pulido, brillante, y la máquina que lo deja en esas condiciones le quita el 90% de su elemento vital.

Gracias a todos estos errores de la industria sobre toda la ganadería se creó esa otra fabulosa industria de las drogas. De ellas, unas pocas son inocuas; pero en su mayoría deterioran gravemente el organismo, como cualquier otro veneno…

¨La carne mata¨. El señor Conrado Narváez Zuluaga mostró al redactor SEMANA decenas de historias clínicas y nutrida documentación fotográfica. En su mayor parte, se trata de pacientes desahuciados, y sus legajos incluyen una enorme cantidad de recetas que, según propia confesión de los médicos, resultaron, a la postre, inútiles. ¨De nada valdrá absorber tantas drogas, mientras la alimentación y el sistema de vida del pueblo colombiano sean tan indiscutiblemente mortíferos. La regeneración biológica de la raza Concluye el señor Narváez exige un cambio total de las costumbres alimenticias y una lucha a fondo contra los flagelos sociales, como el alcohol. Sin contar con que la alimentación carnívora predispone, sin duda, a la violencia…¨

SEMANA 700 Junio 2, 1960

OPINION ALOPA SOBRE EL NATURISMO

SEMANA interrogó al medico e higienista Jorge Bejarano acerca de los principales argumentos de los naturistas, y sobre la validez que, especialmente para Colombia, podría contener esas tesis. He aquí la respuesta del Profesor:

Si es cierto que la medicina naturista derivada de la observación de lo que el hombre comió y descubrió en su estado primitivo, pudo tener bastante años atrás algún auge y la razón de ser, hoy, a la luz de los conocimientos científicos y el descubrimiento de los microbios y parásitos que afectan y amenazan la vida y la salud del hombre, no puede, a la luz de esos progresos científicos, aceptar que el hombre escapará a los morbos y a todos los demás elementos dañosos que puedan rodearlo, defendido exclusivamente por una alimentación privada de carne, ni porque siga la tradición de sus costumbres y hábitos primitivos

Todas estas teorías de la composición de la carne de determinados órganos para establecer la salud o la enfermedad, carecen de base científica y especialmente la generalización y aplicación de esos principios a todo lo que es el concepto de enfermedad, es la que tiene alcances perjudiciales para la salud y vida del individuo.

Muy grande serian los perjuicios que se derivarían de predicar ese dogma médico del naturismo, que llevaría inevitablemente a que los enfermos se sentaran tranquilos a mirar el curso de la enfermedad, esperanzados en la comida vegetariana y en la influencia del ambiente.

Acepto que la alimentación juega un papel de primer orden en la salud del hombre; que a la luz de todos los avances que se han hecho en el dominio de la alimentación se ha podido ver que muchas enfermedades pueden evitarse sobre la base de una alimentación balanceada. El grupo de las que se llaman carenciales lo demuestra plenamente. Pero precisamente porque estamos hoy en la era del valor y de la influencia que tiene en todos los órdenes de la vida la alimentación a base de albúminas o proteínas, especialmente las de origen animal, es por lo que se ve en los momentos actuales la practica y el consejo de incluir en una alimentación balanceada, alimentos como leche, el huevo, el queso y las carnes.

Comparto la opinión de que el alcohol y el tabaco minan la salud del hombre. Todos los días se lee sobre esto observaciones y estadísticas de indiscutible valor, Parece que la acción cancerígena del tabaco, por ejemplo, nadie la discute. Desde luego, la industria poderosa del cigarrillo hace supremos esfuerzos por contrarrestar la opinión científica. Cuando se lanzó por primera vez la tesis documentada del papel que desempeña en el cáncer el tabaco, las acciones industriales de este renglón descendieron en ¨picada¨ en la bolsa de Nueva York. Es, pues, natural que después se ha ya buscado el modo de contrarrestar el pánico que se produjo en la bomba de la primera información proveniente de los investigadores en el campo del cáncer. Así, pues, no podría discutirse la acción benéfica desempeñada por la vida sobria en lo sexual, en el alcohol, en la comida, como en el tabaco.

Es igualmente evidente e indiscutible que la civilización ha llevado al hombre a despojar los alimentos de sus componentes más esenciales para la nutrición. Tal sucede con el arroz, con el trigo, el azúcar que, llevándolos a una mayor purificación y a una mejor presentación, se les priva de elementos tan necesarios a la nutrición y que constituyen grasas, vitaminas y minerales. Justamente respecto al arroz, tuve la oportunidad de librar una campaña cuando ocupé la Cartera de Higiene, para que no se le despojara de la cutícula que es la que lleva la vitamina B, proteínas y grasas. Apenas logré que ese alimento semi-decorticado pudiera ser usado por algunos grupos de las FF. AA. Igual cosa sucede con el azúcar, con la harina de trigo, al purificársele o sometérsele a la acción de molino.

Tal es mi concepto muy resumido, como para un reportaje periodístico, sobre la medicina naturista y sus consecuencias.

Editado en Junio 2, 1960 - 700 – SEMANA

Trascrito: Jairo Narváez. jairo@profesornarvaez.com